La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau Continuación de las bodas de San Lucas
Después de lanzar su impertinente apóstrofe, había levantado Bussy la cabeza y paseaba sus miradas por toda la sala, aguzando el oído para escuchar alguna insolencia como la que había proferido.
Pero todas las frentes estaban serenas, todas las bocas mudas, porque los unos sentían miedo de aprobar en presencia del rey, y los otros le tenían de desaprobar delante de Bussy.
Éste, viendo a San Lucas acercársele, creyó haber encontrado al fin lo que buscaba.
—¿Es —dijo— a lo que acabo de manifestar a lo que debo el honor de la conversación que queréis tener conmigo?
—¿A lo que acabáis de manifestar? —preguntó San Lucas en el tono más amable—. No sé lo que es; nada he oído; os había visto y venía solamente por el placer de saludaros y al mismo tiempo a daros las gracias por el honor que hacéis a mi casa con vuestra presencia.
