La Dama de Monsoreau

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XVII

Cómo viajaba el rey Enrique III y qué tiempo necesitaba para ir de París a Fontainebleau

Cuatro o cinco horas después de los sucesos que acabarnos de contar, y a la pálida luz del sol saliente, tan pálida que apenas argentaba las franjas de rojizas nubes de que el sol estaba cubierto, tuvo lugar la partida del rey Enrique III para Fontainebleau, donde, como hemos dicho estaba preparada para el día siguiente una gran cacería.

Esta partida, que al tratarse de otro príncipe no hubiera llamado la atención, así como no la llamaba tampoco ninguno de los actos de la vida singular del monarca, cuyo reinado procuramos bosquejar, era, tratándose de Enrique III, un grande acontecimiento, por el bullicio y agitación que llevaba en pos de sí.

En efecto, desde las ocho de la mañana y desde el muelle del Louvre comenzaba a prolongarse, saliendo por la puerta principal situada entre la torre del Rincón y la calle del Astruce, una multitud de gentileshombres de servicio, montados en buenos caballos y embozados en forradas capas; después seguían una innumerable multitud de pajes, a continuación un mundo de lacayos, y, en fin, una compañía de suizos que precedían inmediatamente a la litera real.

Esta litera, tirada por ocho mulas, lujosamente enjaezadas, merece particular mención.


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