La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau Chicot observa que es más fácil la entrada que la salida del convento de Santa Genoveva
Chicot, al vestirse el hábito del fraile, tomó una precaución importante, que fue de doblar el espesor de sus hombros por medio de la hábil colocación de su capa y de las otras prendas de ropa que el hábito frailesco hacÃa inútiles. TenÃa igual color de barba que Gorenflot; y aunque el uno habÃa nacido en las orillas del Saona y el otro en las del Garona, se habÃa divertido nuestro gascón tantas veces en imitar la voz de su amigo, que habÃa llegado a imitarla con extrema perfección.
Iba a cerrarse la puerta cuando Chicot llegó; el hermano portero no esperaba más que a los últimos frailes. El gascón presentó su moneda agujereada y fue admitido sin obstáculo. Dos frailes le precedÃan; siguióles y penetró con ellos en la capilla del convento, sitio que conocÃa por haber acompañado muchas veces al rey en sus visitas, el cual siempre habÃa concedido singular protección al monasterio de Santa Genoveva.
