La Dama de Monsoreau

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XXVIII

El viaje del padre Gorenflot

La indiferencia de Chicot para con su estómago, con el cual tenía aunque loco, tantas atenciones como si fuera fraile, procedía de haber almorzado abundantemente antes de salir del Cuerno de la Abundancia.

Además, las grandes pasiones alimentan según dicen, y Chicot estaba en aquel instante dominado por una gran pasión.

Instaló, pues, al P. Gorenflot delante de una mesa de la posada: pasáronle por una especie de torno, jamón, huevos y vino, y el fraile se puso a despacharlo todo con su celeridad acostumbrada.

Entretanto Chicot se dirigió en busca del asno que necesitaba para su compañero, y halló en casa de unos labradores de Sceaux entre un buey y un caballo, el tranquilo animal objeto de los deseos de Gorenflot: tenía cuatro años, su color tiraba a pardo y sus cuatro patas afiladas como husos sostenían un cuerpo bastante rollizo. En aquel tiempo un asno como el que acabamos de describir valía veinte libras: Chicot dio veintidós y fue bendecido por su magnificencia.


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