La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau El viaje del padre Gorenflot
La indiferencia de Chicot para con su estómago, con el cual tenÃa aunque loco, tantas atenciones como si fuera fraile, procedÃa de haber almorzado abundantemente antes de salir del Cuerno de la Abundancia.
Además, las grandes pasiones alimentan según dicen, y Chicot estaba en aquel instante dominado por una gran pasión.
Instaló, pues, al P. Gorenflot delante de una mesa de la posada: pasáronle por una especie de torno, jamón, huevos y vino, y el fraile se puso a despacharlo todo con su celeridad acostumbrada.
Entretanto Chicot se dirigió en busca del asno que necesitaba para su compañero, y halló en casa de unos labradores de Sceaux entre un buey y un caballo, el tranquilo animal objeto de los deseos de Gorenflot: tenÃa cuatro años, su color tiraba a pardo y sus cuatro patas afiladas como husos sostenÃan un cuerpo bastante rollizo. En aquel tiempo un asno como el que acabamos de describir valÃa veinte libras: Chicot dio veintidós y fue bendecido por su magnificencia.
