La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau Cómo se confunden a veces el sueño y la realidad
Bussy, antes de caer, había tenido tiempo para pasar el pañuelo por debajo de la camisa y apretar por encima el cinturón de la espada, haciendo una especie de vendaje en la herida viva y ardiente, cuya sangre se escapaba como un chorro de llama; pero cuando llegó al sitio en que cayó, había ya perdido bastante sangre para que esta pérdida causara el desvanecimiento en que le dejamos.
Sin embargo, sea que en su cerebro, excitado por la cólera y el dolor, persistiese la sensación bajo la apariencia del desmayo, sea que éste cesase para dar lugar a una fiebre a que sucedió un nuevo desvanecimiento, Bussy vio o creyó ver lo que sigue en aquella hora de sueño y de realidad, en aquel instante de crepúsculo colocado entre las sombras de dos noches.
Hallábase en un aposento con muebles de madera esculpida, con tapicería en que estaban pintados los retratos de varios personajes y con el techo también pintado con figuras.
Aquellos personajes, que se veían en todas las actitudes posibles, ya teniendo flores, ya llevando picas en las manos, parecía que subían al techo por caminos misteriosos desde las paredes contra las cuales se agitaban.
