La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau La calle de la Jussienne
Apoyóse Bussy en el brazo de Remigio que se dirigÃa hacia la muralla por la calle de las Conchas.
—Me extraña que pretendas que es sano este barrio, y que me traigas por aquÃ.
—Tened un poco de paciencia —contestó Remigio—, y llegaremos a la calle de Montmartre, que es una calle hermosÃsima.
—¿Crees que no la conozco?
—Pues entonces, si la conocéis, mucho mejor; no perderé tiempo en enseñaros sus bellezas, y os conduciré en seguida a una bonita callejuela. Venid, no os digo más.
Y efectivamente, después de haber dejado a la izquierda la puerta de Montmartre, dio Remigio unos doscientos pasos más y volvió a la derecha.
—Estamos dando vueltas —exclamó Bussy—, y vamos a volver a las calles donde hemos estado ya.
