La Dama de Monsoreau

La Dama de Monsoreau

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XLV

Chicot es el verdadero rey de Francia

Eran las doce: las puertas del Louvre se cerraban todos los días a media noche, pero Enrique calculó lógicamente que no dejaría el duque de Anjou de irse a acostar al Louvre, para no dar pábulo a las sospechas que debían haber despertado en el ánimo del rey la agitación y los desórdenes de aquella famosa tarde, y ordenó que estuviesen abiertas hasta la una.

A la una menos cuarto subió Quelus.

—Señor, ya ha vuelto el duque.

—¿Adónde está Maugiron?

—Se ha quedado de centinela no sea que vuelva a salir.

—Está tranquilo.

—Entonces… —dijo Quelus haciendo un movimiento para indicar que era tiempo de obrar.

—Dejémosle que se acueste tranquilamente —repuso Enrique—. ¿Quién está con él?

—M. de Monsoreau y sus gentilhombres.

—¿Y M. de Bussy?

—M. de Bussy no está.

—Me alegro —dijo el rey, viendo satisfecho que le faltaba a su hermano su mejor espada.

—¿Qué dispone Vuestra Majestad? —preguntó Quelus.


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