La Dama de Monsoreau
La Dama de Monsoreau M. de San Lucas se halla con un nuevo paje
Bussy se fue en línea recta al gabinete de armas que tanto agradaba al rey Carlos IX, que por una nueva distribución había venido a ser el dormitorio de Enrique III, el cual lo había amueblado a su gusto. Carlos IX, rey cazador, rey poeta, rey guerrero, tenía esta habitación llena de cornetas, de arcabuces, de libros, de manuscritos, de instrumentos de fragua. Enrique tenía allí lechos de terciopelo y de raso, pinturas licenciosas, reliquias, escapularios bendecidos por el Papa, bolsitas perfumadas venidas de Oriente, y la colección más hermosa de floretes que puede imaginarse.
Bussy sabía muy bien que Enrique no estaría en este aposento, pues que su hermano le pedía audiencia en el gran salón; pero sabía así mismo que cerca de él estaba el de la nodriza de Carlos IX, que se había transformado en el del favorito de Enrique III. Como Enrique III era un hombre tan voluble en sus amistades, este cuarto había sido ocupado sucesivamente por Maugiron, d’O, d’Epernon, Quelus y Schomberg, y en aquel instante debía estarlo en la opinión de Bussy por San Lucas, puesto que el rey, como ya hemos visto, sentía aumentarse de tal modo su ternura en favor de este joven, que le había robado, por decirlo así, a su esposa.
