La Dama de Monsoreau

La Dama de Monsoreau

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LXI

La noticia de que era portador el señor conde de Monsoreau

M. de Monsoreau iba de sorpresa en sorpresa; la tapia del parque de Meridor hallada como por encanto; aquel caballo respondiendo al relincho de Rolando como si le conociese desde mucho tiempo: todo esto habría dado que sospechar a los menos celosos.

Al acercarse, y ya se supondrá que M. de Monsoreau se acercaría rápidamente, al acercarse observó el deterioro de la tapia en aquel paraje; allí vio una verdadera escalera que tenía trazas de convertirse pronto en brecha; parecía que los pies se habían abierto escalones en la tapia, y las zarzas recientemente cortadas, colgaban aún de las estropeadas ramas.

El conde abrazó con una mirada todo aquel conjunto, y después pasó del conjunto a los detalles.

El caballo merecía el primer lugar y le obtuvo.

El indiscreto animal llevaba una silla guarnecida de mantilla bordada de plata, en cuyas puntas se veían una F enlazada con una A.

Era indudable que aquel caballo pertenecía al duque de Anjou, pues que la cifra estaba compuesta de las iniciales de su nombre.


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