La Dama pálida

La Dama pálida

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El castillo de Brankovan

Kostaki dejó que me deslizara desde sus brazos al suelo, y casi al mismo tiempo bajó conmigo; pero por rápido que fuese su movimiento, no hizo más que seguir al de Gregoriska.

Como éste lo había dicho, él era el amo en el castillo.

Los criados acudieron con presteza en cuanto vieron llegar a los dos jóvenes y a la extranjera; pero aunque guardaran iguales consideraciones a Kostaki y a Gregoriska, conocíase perfectamente que trataban al último con más profundo respeto y mayor sumisión.

Dos mujeres se acercaron; Gregoriska les dio una orden en idioma moldavo y con la mano me hizo seña de que las siguiese.

Era tan respetuosa la mirada con que acompañó la seña, que no vacilé. Pasados cinco minutos, me encontraba en un aposento que, por desamueblado e inhabitable que pareciera al hombre menos exigente, era desde luego el mejor del castillo.

Era una gran pieza cuadrada, con una especie de diván de sarga verde que servía por el día de asiento, y de lecho por la noche. Había además cinco o seis grandes sillones de encina, un ancho cofre y en uno de los rincones de esta estancia un dosel semejante a un magnífico altar. Nada de cortinas, ni en las ventanas ni en el lecho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker