La Dama pálida
La Dama pálida —Quedarse, aguardar, tomar consejo de los acontecimientos, aprovechar las circunstancias. Suponed que habéis caÃdo en una cueva de bandidos y que sólo vuestro valor puede sosteneros, vuestra sangre frÃa salvaros. Mi madre, no obstante su preferencia por Kostaki, el hijo de su amor, es buena y generosa. Además, es una Brankovan, es decir, una verdadera princesa. Vos la veréis y ella os defenderá contra las brutales pasiones de Kostaki. Poneos bajo su protección; sois bella y os amará… os amará, sÃ, porque, ¿quién podrÃa veros sin amaros? —añadió mirándome con indefinible expresión—. Venid ahora al comedor, donde os espera mi madre; y no mostréis turbación ni desconfianza; hablad en polaco; nadie conoce aquà esta lengua; yo traduciré vuestras palabras a mi madre, y, perded cuidado, no le diré sino lo que sea preciso decirle. Lo que sobre todo os encargo, es que no digáis ni una sola palabra acerca de lo que acabo de revelaros; nadie debe sospechar que estamos de acuerdo. Venid.
Le seguà por la escalera de que ya os he hablado, iluminada por resinosas antorchas sostenidas por manos de hierro empotradas en la pared.
Era evidente que sólo para mà usaban aquella iluminación no acostumbrada.
Llegamos al comedor.