La Mano del Muerto
La Mano del Muerto —Está visto; tú o cualquier otro bandido podéis hacer cualquier fechorÃa a un vivo, porque, en fin... él las habrá hecho a otros y asà se paga la regla; y Dios te perdona después de una pequeña penitencia de oración; pero el reÃr de los muertos y burlarse cuando sabemos que su alma está pagando lo que debe... esto es muy malo, Pipino.
— ¡SÃ, sÃ! —respondió el bandido—: ¡Los vivos nada tienen con los muertos, sino el deber de enterrarlos! Después, el cadáver es de la tierra, asà como el alma es de Dios. Vamos, Pastrini; entonces el signor conde de Monte-Cristo es perseguido por el Gobierno francés. ¿Es verdad eso?
—Tan cierto que para escapar de las pesquisas se vio obligado a mudar de forma y de nombre.
— ¡Hola!... ¿Tenemos milagros? ¿Cómo es posible, pues, que un hombre mude de forma?