La Mano del Muerto
La Mano del Muerto — ¿Yo?.. Yo... ¡eso nunca!
—Comprendo; teméis que la baronesa os eche en cara vuestra conducta; pero os aseguro que no será asÃ; por el contrario, la baronesa será la primera en lanzarse a vuestros brazos.
— ¡Vaya!... cosa es que nunca hizo de buen grado.
— ¡Lo hará ahora! Dejadme hacer —dijo Benedetto con tono imperioso y preparándose para escribir la siguiente carta:
«Señora; no estoy en el caso de daros consejos, pero mi parecer es que no os asustéis por cosas que no valen la pena acabo de almorzar con el señor barón Danglars, en su lindÃsima casa de campo, y allà me enseñó objetos de mucho precio y mucho gusto, entre los cuales noté un retrato vuestro, y al verlo no pude menos que murmurar; bella baronesa, tenéis una mala Ãndole, pero vuestra maldad agrada a cuantos os conocen. Di al señor barón la noticia de vuestra presencia en Roma, y estoy convencido de que él pretende daros mañana a la noche una sorpresa. En cuanto al rapto, contad con lo que os digo; no se efectuará porque fuisteis traicionada; pero vuestro cómplice nada revelará que os comprometa.»
Asà que concluyó de escribir firmóse con el nombre de conde de Monte-Cristo y cerró la carta, poniéndole en el sobre; A la señora baronesa Danglars.
—Ahora necesito a alguien que conduzca la carta.