La Mano del Muerto

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—Baronesa, los socios realizan por vez segunda sus cuentas y espero que en esta última aprovecharéis mi consejo.

 

 

II BENEDETTO

 

Beauchamp abandonó el palacio de la baronesa Danglars, se encaminó a su casa, ubicada a la entrada de la calle de Correón, cuya fachada ofrecía el tipo clásico de aquella vieja de Puget, que hace sean tan buscados en Francia ciertos edificios, por las personas que desean obtener algún prestigio.

La puerta de este pequeño inmueble era rasgada hasta la altura de la ventana del centro, sobresaliendo en su cima un enorme florón de piedra que parecía pretender aplastar al primer advenedizo que allí intentase poner su planta; su pequeño patio, situado en el centro, estaba decorado por oscuros e imponentes muros.

A él daban las ventanas del gabinete del señor Beauchamp, con sus cortinas sueltas y colgando en toda su longitud. Una lámpara de bronce, con su pantalla de seda verde, vertía en el recinto esa atenuada luz que conviene al que precisa escribir y meditar durante la noche, y que alumbra de lleno sólo el papel en que imprimimos nuestras ideas; de manera que no ofende la vista.


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