La Mano del Muerto
La Mano del Muerto Benedetto fue a la puerta y la abrió, mientras que Danglars, que no pudo evitar el movimiento, hizo un gesto de notable contrariedad y adoptó al instante una fisonomÃa que explicase bien el caso al recién llegado.
La inesperada visita que se presentaba era Pipino que, habiendo oÃdo decir a Pastrini que estaba en Roma el secretario del conde de Monte-Cristo, corrÃa en busca del barón para saber por él algunos detalles; pues, como dijimos, los bandidos de la cuadrilla de Vampa profesaban un profundo cariño al conde.
Danglars se hallaba en una posición dificilÃsima y temblaba de su mal éxito.
Pipino subió lentamente la escalera y se presentó, aunque algo desconcertado por la presencia de un extraño.
Danglars le dirigió una mirada significativa y suplicante como diciéndole: "sed prudente, no me comprometáis". En cuanto a Benedetto, quedó satisfecho notando por el traje de Pipino que era hombre de ganar, calculando que ya tenÃa un portador para su carta; asÃ, pues, avanzó un paso, y dijo:
—Amigo, ¿queréis tener la bondad de encargaros de una comisión?
