La Mano del Muerto
La Mano del Muerto —Queréis pues que os enseñe todo lo que un hombre de tino debe hacer con una esposa, de quien estaba separado, y que posee tres millones de francos... En ese caso me veré obligado a deciros que sois tonto de remate.
Entretanto, Benedetto se proporcionó una cama; metió bajo la cabecera su cofre y se puso a combinar bien sus proyectos para los trabajos del dÃa siguiente.
Ayudado por el destino, el hijo del antiguo procurador del rey, parecÃa caminar sin dificultad en su carrera de crÃmenes. Asà como la fortuna tiene a veces el capricho de hacer a un hombre su favorito, la desgracia echa mano de otro para convertirlo en su vÃctima y marcarlo con el hierro de la ignominia para toda su vida, desde su primer paso hasta su último suspiro; para este hombre no hay ni Dios, ni amor, ni patria; hijo del crimen, su herencia en este mundo es el crimen y la maldición, a través de la cual sólo alcanzaba la noche perpetua de la eternidad, la nada.
Benedetto parecÃa no ser otra cosa que uno de esos hombres hijo de la fatalidad, para quien los hombres no son hermanos, pues le habÃan arrojado al rostro con una carcajada sarcástica los lazos civiles y religiosos que los debÃan ligar en una misma familia.
