La Mano del Muerto

La Mano del Muerto

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El barón se encogió de hombros, traspuso la puerta y atravesando la primera sala fue a presentarse en el gabinete donde estaba la señora Danglars.

La baronesa se ocupaba, en acomodar sus lindos cabellos frente a un espejo y en su fisonomía nadie podría haber notado el menor indicio de la emoción que la agitaba media hora antes.

Antes de que el barón la viera, ya ella le había observado a través del espejo; y la señora Danglars pudo darse cuenta del aire cortado con que el barón se presentaba, aunque hacía un gran esfuerzo para sobreponerse a su embarazo.

— ¡Ah! ¿Sois vos, señor? —exclamó como si hubiese visto a su marido el día anterior—. Se diría que os disponéis a salir de nuevo, pues, según me parece, no habéis hecho ademán de necesitar silla.

Estas palabras produjeron su efecto; el barón se animó, y avanzando algunos pasos, fue a sentarse en la misma silla en que estuvo Benedetto.

— ¡Se siente hoy bastante frío! —dijo él abrochando su casaca.

—No he tenido tiempo de pensar en semejante cosa; creo que la acción de escribir y de pensar nos calienta en sumo grado.

— ¡Ah! ¿Entonces habéis escrito mucho?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker