La Mano del Muerto
La Mano del Muerto —Marqués de Saint-Meran —dijo leyendo el nombre escrito sobre el cajón—. Era el suegro de mi padre por su primer matrimonio. Anciano hidalgo, lleno de todos los privilegios de su noble alcurnia, debe tener su cadáver adornado con todo el esplendor de su jerarquÃa.
Y aplicó la palanca al cajón, haciéndole saltar la tapa. En efecto, el consumido esqueleto, vestido con su riquÃsimo uniforme, tenÃa sobre el pecho diversas placas y cruces de valor.
Benedetto se apoderó de ellas y cerró el cajón del marqués, yendo después a abrir de igual manera otro cuyo letrero decÃa: "La señora de Saint-Meran".
— ¡Oh! —murmuró Benedetto— aquà adornada también con riqueza para este sueño lúgubre y eterno; ¡última prueba de locura que el hombre da al mundo, y por la que se conoce todo su orgullo y vanidad!
Las joyas que engalanaban los dedos y el pecho del cadáver, pasaron a poder de Benedetto, que fue a robar el tercer cajón, donde se leÃa el nombre de la señora Villefort.