La Mano del Muerto
La Mano del Muerto —Y ahora, hasta mañana, barón Danglars; espero que no os olvidéis de lo que os he dicho: esto es, de la fonda de maese Pastrini, plaza de España.
Y Benedetto salió, abandonando al pobre portero estupefacto y en el firme convencimiento de que mediante él vendrÃa a saber algunas significativas cosas sobre de Edmundo Dantés.
Mientras esto acontecÃa en el pequeño gabinete del portero, las dos amigas d'Armilly se arreglaban para realizar su primer debut, y tomadas del brazo atravesaban el escenario.
—Creo que hay una concurrencia asombrosa —susurró Luisa—. Y después, cuando ese telón se levante, vamos a quedar aquà exhibidas a las miradas de todo un pueblo.
