La Reina Margot
La Reina Margot Y besó el relicario que colgaba de su cuello.
Al llegar a la esquina de la calle y dar la vuelta al hermoso edificio mandado construir por Enrique II, vieron el patÃbulo que se alzaba dominando todas las cabezas sobre una plataforma desnuda y sangrienta.
—Amigo —dijo La Mole—, quisiera morir el primero.
Coconnas dio por segunda vez un golpecito en el hombro del verdugo.
—Buen hombre —dijo Coconnas—, si como me dijiste deseas complacerme…
—Os lo dije y os lo repito.
—Pues bien; mi amigo ha sufrido más que yo; por consiguiente, tiene menos fuerzas…
—¿Y qué?
—Me ha dicho que padecerÃa demasiado si me viera morir primero. Además, si yo muero antes, nadie le podrÃa acompañar al patÃbulo.
—Está bien, está bien —contestó Caboche, enjugándose una lágrima con el dorso de la mano—, tranquilizaos; haré lo que me pedÃs.
—Y de un solo golpe, ¿no es as� —preguntó en voz baja el piamontés.
—De uno solo.
—Está bien; si acaso tuvierais que repetirlo, que sea conmigo.