La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Coconnas dio con su mano un golpecito en el hombro del verdugo, que iba sentado en el pescante, guiando el caballo.

—Maestro —le dijo—, haznos el favor de parar un instante frente a la calle Tizon.

Caboche hizo un gesto afirmativo con la cabeza y, al llegar al sitio indicado, detuvo el carricoche.

La Mole, ayudado por Coconnas, se incorporó con esfuerzo, miró con los ojos velados por las lágrimas aquella casita silenciosa, muda y cerrada como una tumba, y, suspirando profundamente, dijo en voz baja:

—¡Adiós, juventud, amor y vida!…

Luego dejó caer la cabeza sobre el pecho.

—¡Animo! —le dijo Coconnas—. Tal vez volvamos a encontrar todo eso allá arriba.

—¿Tú crees?

—Lo creo, porque me lo ha dicho el sacerdote y porque no me faltan esperanzas de que así sea. Pero no te desmayes, amigo mío, estos miserables que nos miran se reirían de nosotros.

Caboche oyó las últimas palabras y, fustigando con una mano al caballo tendió con la otra, y sin que nadie pudiese verlo, a Coconnas una esponjita empapada en un revulsivo tan violento que La Mole, luego de aspirar su olor y frotarse con ella las sienes, se sintió fresco y reanimado.

—¡Ah! —dijo—. Me siento resucitar.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker