La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al verla subir por la escalera le preguntó:

—¿No os han seguido?

—No, al menos que yo sepa.

—Es que me parece que a mí me han seguido y no solamente esta noche, sino durante toda la tarde.

—¡Oh! ¡Dios mío! Me asustáis, señor —dijo Carlota—; si este recuerdo que tenéis para una antigua amiga fuese causa de que os aconteciera algún mal, os aseguro que no podría consolarme nunca.

—No os apuréis, amiga mía —dijo el bearnés—; tenemos tres espadas que vigilan en la sombra.

—Tres son muy pocas, señor.

—Son bastantes cuando quienes las empuñan son De Mouy, Saucourt y Barthélemy.

—¿Está en París De Mouy?

—Naturalmente.

—¿Cómo se ha atrevido a volver a la capital? ¿Tiene acaso como vos alguna pobre mujer loca de amor por él?

—No, pero tiene un enemigo cuya muerte ha jurado. Solamente el odio, querida, puede impulsarnos a hacer tantas tonterías como el amor.

—Gracias, señor.

—¡Oh! —exclamó Enrique—. No digo esto por las tonterías pasadas y por las venideras. Pero no nos entretengamos en discutir, no tenemos tiempo que perder.

—¿Seguís pensando en marcharos?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker