La Reina Margot
La Reina Margot Coconnas, La Hurière y diez más se lanzaron en persecución de La Mole que, cubierto de sangre y ya en ese estado de exaltación que es la última reserva del vigor humano, atravesaba las calles sin otro guía que su instinto. Detrás de él, los pasos y gritos de sus enemigos le espoleaban y parecían prestarle alas. A veces, una bala silbaba junto a su oído a imprimía a su carrera, ya próxima a agotarse, nueva velocidad. Ya no era respiración ni aliento lo que salía de su pecho, sino un sordo ronquido. El sudor y la sangre corrían por sus cabellos y empapaban su rostro.