La Reina Margot
La Reina Margot —Capitán —dijo Maurevel al jefe de la tropa—. Dadme tres hombres y con el resto id a despachar al sacerdote.
Del pelotón se destacaron tres suizos que fueron a reunirse con Maurevel. Los dos contingentes marcharon juntos hasta la altura de la calle Tirechappe. AllÃ, la caballerÃa ligera y los suizos doblaron por la calle de la Tonnellerie, mientras que Maurevel, La Hurière y sus tres soldados tomaban por la de la Ferronnerie, seguÃan por la de Trousse-Vache y llegaban hasta la de Saint-Avoye.
—Pero ¿dónde diablos me lleváis? —preguntó Coconnas, que empezaba a aburrirse de tan larga caminata sin sentido.
—Os conduzco a una aventura brillante y provechosa a la vez. Después del almirante de Teligny y de esos prÃncipes hugonotes, nada mejor podrÃa ofreceros. Tened paciencia. Nos dirigimos a la calle de Chaume y llegaremos allà dentro de un momento.
—Decidme —preguntó Coconnas—, ¿la calle de Chaume queda cerca del Temple?
—SÃ, ¿por qué?
—Porque en ella vive un antiguo acreedor de nuestra familia, un tal Lambert Mercandon, a quien mi padre me encargó que devolviese cien libras que con tal objeto llevo en el bolsillo.