La Reina Margot
La Reina Margot —Hermano —exclamó Margarita, que, como el rey Carlos, comprendÃa perfectamente la terrible pantomima de Catalina—, pensad que vos hicisteis de él mi esposo.
Carlos IX, asediado por las miradas imperativas de Catalina y las suplicantes de Margarita, como por dos fuerzas opuestas, quedó indeciso un instante, pero, al fin, venció Ormaz, el genio del bien.
—En realidad, señora —dijo inclinándose al oÃdo de Catalina—, Margot tiene razón y Enrique es mi cuñado.
—Sà —respondió Catalina, aproximándose a su vez al oÃdo de su hijo—, es cierto…, pero ¿y si no lo fuera?