La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Margarita! —exclamó totalmente sorprendido Enrique.

—¡Margot! —dijo Carlos IX.

—¡Mi hija! —murmuró Catalina.

—Señor —dijo Margarita dirigiéndose a Enrique—, vuestras últimas palabras me acusan y son a la vez justas e injustas, justas porque, en efecto, soy el instrumento de que se han servido para perderos a todos; e injustas porque yo ignoraba que marchabais a vuestra perdición. Yo misma, señor, tal como me veis, debo la vida a la casualidad o quizás al olvido de mi madre; pero no bien me he enterado del peligro que corríais, recordé mi deber. Y el deber de una esposa es el de compartir la suerte de su marido. Si os destierran, os acompañaré al destierro; si os encierran en una prisión, haré que me lleven presa; si os matan, moriré con vos.

Y tendió la mano a su marido, que este cogió si no con amor, al menos con gratitud.

—¡Ah, mi pobre Margot! —dijo Carlos IX—. Mejor sería que le aconsejaras que se convirtiera al catolicismo.

—Sire —respondió Margarita con aquella altiva dignidad tan natural en ella—. Sire, creedme: en consideración a vos mismo, no exijáis una cobardía a un príncipe de vuestra casa.

Catalina lanzó a su hijo una significativa mirada.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker