La Reina Margot
La Reina Margot —Llegará más tarde, se sintió mal esta mañana y no querÃa venir; pero como ya se sabe que para llevar la contraria a su hermano Carlos y a su hermano Enrique se inclina hacia los hugonotes, se le hizo notar que el rey podrÃa interpretar mal su ausencia y por fin se ha decidido. Pero justamente miran y gritan hacia allá; debe de haber entrado por la puerta de Montmartre.
—En efecto, él es —dijo Enriqueta—. Hoy tiene buen aspecto. Desde hace algún tiempo se acicala con especial esmero; sin duda está enamorado. Ahà tenéis la ventaja de ser un prÃncipe de sangre real: atropella a todo el mundo y la gente se aparta sin protestar.
—Asà es —dijo Margarita—, y nosotras también estamos amenazadas por su caballo. ¡Dios nos perdone! Haced retirar a vuestros gentiles hombres, duquesa; allà anda uno que, si no se pone en fila, se expone a morir.
—¡Es mi intrépido campeón! —exclamó la duquesa—. Mira, mira…