La Reina Margot
La Reina Margot
URANTE algún tiempo los dos jóvenes guardaron el secreto encerrado en su pecho, hasta que un día de mutuas expansiones, en que su único pensamiento asomó a sus labios, quedó sellada definitivamente su amistad con aquella prueba de absoluta confianza sin la cual no hubiera existido jamás.
Estaban perdidamente enamorados: uno de una princesa, otro de una reina.
Resultaba sobremanera desagradable para los dos amantes la enorme distancia que los separaba del objeto amado. Sin embargo, la esperanza es un sentimiento tan profundamente arraigado en el corazón del hombre que, pese a la locura de su fundamento, supieron conservarla.
