La Reina Margot

La Reina Margot

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Charlando de este modo entraron los dos jóvenes por la calle de l’Arbre-Sec y se encaminaron hacia el anuncio de A la Belle Etoile, que seguía balanceándose en el mismo sitio, presentando siempre al viajero su horno gastronómico y su apetitosa leyenda.

Coconnas y La Mole esperaban encontrar la casa entregada a la desesperación, la viuda de luto y los marmitones[17] con un crespón en el brazo; pero, con gran asombro suyo, la hallaron en plena actividad. La señora de La Hurière estaba rebosante de alegría, y los pinches más contentos que nunca.

—¡Oh, la infiel! —exclamó La Mole—. ¿Se habrá vuelto a casar?

Y dirigiéndose a la nueva Artemisa, dijo:

—Señora, somos dos gentiles hombres amigos de vuestro pobre marido. Dejamos aquí dos caballos y dos maletas que venimos a buscar.

—Caballeros —dijo la dueña de la casa después de intentar en vano reconocer sus rostros—, como no tengo el honor de conoceros, si no os parece mal voy a llamar a mi marido… Gregorio, llama a tu amo.

Gregorio pasó de la primera cocina, que era el pandemónium general, a la segunda, que era el laboratorio donde se confeccionaban los platos que maese La Hurière, en vida, juzgaba dignos de ser preparados por sus sabias manos.


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