La Reina Margot

La Reina Margot

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En medio de las casas que bordeaban el puente, frente al pequeño islote en que fueron quemados los Templarios y donde se apoya hoy una de las bases del Pont-Neuf, se destacaba una de postigos de madera cuyo enorme tejado caía sobre ella como el párpado de un ojo colosal. Por la única ventana abierta del piso alto, encima de otra de la planta baja y de una puerta herméticamente cerrada, se filtraba una luz rojiza que atraía la atención de los paseantes hacia la ancha y baja fachada del edificio pintada de azul y con lujosas molduras doradas. En una especie de friso que separaba las dos plantas se representaban una multitud de diablillos en actitudes a cuál más grotesca, y una ancha faja, pintada de azul como la fachada, que se extendía entre el friso y la ventana superior, lucía esta inscripción:

Renato el florentino, perfumista de Su Majestad la reina madre…

Como ya hemos dicho, la puerta de la casa estaba bien cerrada; pero, más que por los cerrojos, estaba defendida de los ataques nocturnos por la terrible reputación de su inquilino, que hacía que los transeúntes que atravesaban el puente por aquel lugar describieran casi siempre una curva, como si temiesen que el olor de los perfumes se filtrara por las paredes.


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