La Reina Margot
La Reina Margot Más todavía; los vecinos de la izquierda y los de la derecha, temiendo sin duda verse comprometidos por su proximidad desde que maese Renato se instaló en el puente de Saint-Michel, se mudaron a otra parte, de modo que las dos casas contiguas a la del florentino permanecían cerradas y desiertas. Sin embargo, a pesar de esta soledad y este abandono, los paseantes rezagados habían visto brillar, a través de los postigos cerrados de estas casas deshabitadas, cierto extraño resplandor y aseguraban haber oído ciertos ruidos, parecidos a quejas, que demostraban que las casas eran frecuentadas por algunos seres que no se sabía si pertenecían a este o al otro mundo.
A consecuencia de tales rumores resultó que los inquilinos de las otras dos casas se preguntaban de vez en cuando si no sería lo más conveniente imitar la conducta de sus convecinos.
Renato debía sin duda a este privilegio terrorífico, públicamente reconocido, la concesión de tener luz en su casa después de la hora reglamentaria. Por otra parte, ni rondas ni patrullas se hubiesen atrevido a incomodar a un hombre doblemente grato a Su Majestad por su calidad de perfumista y de compatriota.