La Reina Margot
La Reina Margot —Amigo La Mole —dijo Coconnas—, sé elocuente como Demóstenes, como Cicerón, como el señor canciller l’Hospital, y piensa que mi vida depende de que persuadas al cuerpo de la señora de Nevers de que soy su más abnegado, obediente y fiel servidor.
—Pero… —balbució La Mole.
—Haz lo que lo digo, y vos, Renato, velad para que nadie nos importune.
Renato no se opuso a los deseos de Coconnas.
—¡Voto al diablo, señor! —dijo Margarita—. Sois ingenioso, os escucho, veamos, ¿qué tenéis que decirme?