La Reina Margot
La Reina Margot —¡Ah! Excusadme, señora, me he equivocado. Este es un tratado de cetrerÃa escrito por el sabio y famoso Castruccio Castracani. Estaba colocado al lado del que me pedÃs y encuadernado de la misma manera. Lo confundÃ. Por otra parte, este es un libro muy valioso; no existen más que tres ejemplares en el mundo, uno que pertenece a la biblioteca de Venecia, otro que fue adquirido por vuestro abuelo Laurencio y regalado por Pedro de Médicis al rey Carlos VIII durante su visita a Florencia, y el tercero, este que veis aquÃ.
—Lo admiro —dijo Catalina— por su rareza, pero como no lo necesito, os lo devuelvo.
Y extendió la mano derecha hacia Renato para coger el otro mientras que con la izquierda le entregaba el primero. Esta vez Renato no se equivocó; aquel era precisamente el libro que ella deseaba. Renato bajó de la silla, lo hojeó un instante y se lo dio abierto.
Catalina se sentó ante una mesa, mientras Renato le alumbraba con su extraña lamparilla, a cuyo azulado resplandor leyó unas lÃneas en voz baja.
—Está bien —dijo volviéndolo a cerrar—, esto es todo lo que querÃa saber.
Se levantó dejando el libro encima de la mesa y llevando en su mente la idea que habÃa germinado en ella y que debÃa madurar.