La Reina Margot
La Reina Margot Renato esperó respetuosamente con la lámpara en la mano a que la reina, que parecÃa dispuesta a marcharse, le diera nuevas órdenes o le hiciera otras preguntas.
Catalina dio algunos pasos con la cabeza inclinada, un dedo sobre los labios y sin decir palabra.
Luego, deteniéndose de pronto ante Renato y clavando en él sus ojos redondos y fijos como los de un ave de rapiña, dijo:
—Confiesa que has preparado algún filtro para ella.
—¿Para quién? —preguntó Renato estremeciéndose.
—Para la de Sauve.
—¿Yo? ¡Jamás! —dijo Renato.
—¿Jamás?
—Os lo juro por mi alma, señora.
—Debe de haber algo de magia, sin embargo, porque él la ama como un loco y no tiene precisamente fama de constante.
—¿Quién es él, señora?
—Enrique, el maldito, el que sucederÃa a mis tres hijos y se llamara algún dÃa Enrique IV aun siendo hijo de Juana de Albret…