La Reina Margot
La Reina Margot —Pero, en una palabra, Sire, si vos fuerais hermano del prÃncipe de Porcian o el hijo del prÃncipe de Condé y hubiesen envenenado a vuestro hermano o asesinado a vuestro padre…
Carlota dio un ligero grito y acercó de nuevo la pomada a sus labios.
Renato advirtió el movimiento, pero por esta vez no la detuvo con palabras ni con gestos sino que se limitó a exclamar:
—¡En nombre del Cielo, responded! Señor, si estuvierais en su lugar, ¿qué harÃais?
Enrique se quedó pensativo, enjugó con mano temblorosa su frente, por la que rodaban algunas gotas de sudor frÃo, y levantándose majestuosamente respondió en medio del silencio que mantenÃa en suspenso la respiración de Renato y de Carlota:
—Si me hallara en su lugar y estuviese seguro de ser rey, es decir, de representar a Dios en la tierra, harÃa lo mismo que Dios: perdonarÃa.
—¡Señora —exclamó Renato arrancando la cajita de carmÃn de manos de la señora de Sauve—, entregadme esa caja!; veo que el mensajero se equivocó al traerla. Mañana os enviaré otra.