La Reina Margot
La Reina Margot
OCONNAS no se había equivocado. La dama que detuvo al caballero de la capa color cereza era efectivamente la reina de Navarra, y el caballero en cuestión presumo que el lector ya habrá adivinado que no era otro que el valiente De Mouy.
Al reconocer a la reina de Navarra, el joven hugonote comprendió que se trataba de alguna confusión, pero, temiendo que un grito de Margarita lo traicionase, no se atrevió a decir nada. Prefirió, pues, dejarse conducir a las habitaciones interiores, para una vez allí decir a su hermosa guía:
—Silencio por silencio, señora.
En efecto, Margarita había oprimido tiernamente el brazo de aquel a quien en la penumbra tomó por La Mole y acercándose a su oído le había dicho en latín:
—Sola sum; introito, carissime[24].
De Mouy se dejó llevar sin responder; pero, no bien se cerró la puerta tras él y penetró en la antecámara, mejor iluminada que la escalera, Margarita descubrió que no era La Mole.
El grito de asombro que temiera el prudente hugonote escapó en aquel momento de los labios de Margarita, pero felizmente ya no había por qué temer:
—¡Señor De Mouy! —dijo retrocediendo un paso.
