La Reina Margot
La Reina Margot Margarita escuchó sonriendo estas encantadoras palabras y siguió con la mirada aquellos ademanes llenos de gracia; luego, inclinando su bella cabeza soñadora sobre su mano ardiente:
—¿Me amáis? —dijo.
—¡Oh, oh, señora! Más que a mi vida, más que a mi salvación, más que a todo en el mundo; pero vos…, vos no me amáis.
—¡Pobre loco! —murmuró Margarita.
—SÃ, señora —exclamó La Mole siempre arrodillado a sus pies—, ya os dije que lo estaba.
—¿Entonces, querido La Mole, la principal preocupación de vuestra vida es el amor?
—Y la única, señora.
—Está bien; yo haré entonces que todo lo demás contribuya a este amor. ¿Me amáis de verdad? ¿QuerrÃais vivir siempre a mi lado?
—No ruego a Dios otra cosa sino que no me aleje de vos.
—Y no os alejaréis; tengo necesidad de vos, La Mole.
—¿Tenéis necesidad de m� ¿Desde cuándo el sol necesita al gusano de luz?
—Si os aseguro que os amo, ¿puedo contar enteramente con vos?
—¿Acaso no os pertenezco ya por completo?