La Reina Margot

La Reina Margot

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Eso es totalmente distinto. Ya hablaremos luego, cuando nos veamos; terminada la cacería no diré que no. Adiós. ¡Vamos, Risquetout, aquí, no me impacientes tú también!

—Carlos —dijo Catalina sujetándole por el brazo—, aun a riesgo de provocar con este nuevo retardo una explosión de cólera, creo que lo mejor sería firmar en seguida la orden de arresto aunque no se ponga en vigor hasta la tarde o la noche.

—¿Firmar, escribir una orden, ir a buscar el sello de los pergaminos cuando me están esperando para la cacería, a mí, que jamás he llegado tarde? ¡Váyase todo al diablo!

—No, no; os quiero demasiado para ser la culpable de vuestro retraso; todo está previsto, entrad aquí en mi habitación.

Catalina, ágil como si no tuviera más que veinte años, abrió la puerta que comunicaba con su gabinete y mostró al rey un tintero, una pluma, un pergamino, el sello y una lamparilla encendida.

El rey cogió el pergamino y lo leyó rápidamente: «Orden, etc., etc., de hacer arrestar y conducir a La Bastilla a nuestro hermano Enrique de Navarra».

—Bueno, ya está —dijo firmando de un trazo—; adiós, madre mía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker