La Reina Margot
La Reina Margot —Tanto mejor; retiraos.
Guillonne saludó y se fue.
—Continuad vuestra lectura, Carlota —dijo la reina.
La señora de Sauve prosiguió.
Al cabo de diez minutos, Catalina la interrumpió.
—¡Ah, a propósito! —dijo—. Que despidan a los guardias de la galerÃa.
Era la señal que esperaba Maurevel.
Ejecutaron la orden de la reina madre y la señora de Sauve reanudó su lectura.
LlevarÃa leyendo aproximadamente un cuarto de hora sin interrupción, cuando un grito agudo, prolongado y terrible llegó hasta la alcoba regia y erizó los cabellos de los presentes.
Inmediatamente se oyó un pistoletazo.
—¿Qué es esto —dilo Catalina—, por qué no seguÃs leyendo, Carlota?
—¿No habéis oÃdo, señora? —preguntó la joven palideciendo.
—¿El qué? —dijo Catalina.
—Ese grito.
—Y ese pistoletazo —añadió el capitán de guardia.