La Reina Margot
La Reina Margot Salió el paje a quien fue dada esta orden y un instante después volvió en compañÃa de Guillonne.
—He llamado a la señora y no a la doncella —dijo la reina.
—Señora —dijo Guillonne—, he creÃdo que debÃa venir en persona para manifestar a Vuestra Majestad que la reina de Navarra ha salido con su amiga la duquesa de Nevers…
—¡Ha salido a estas horas! —dijo Catalina, frunciendo el ceño—. ¿Dónde puede haber ido?
—A una sesión de alquimia —respondió Guillonne— que tendrá lugar en el palacio de Guisa, en el pabellón habitado por la señora de Nevers.
—¿Y cuándo volverá? —preguntó la reina madre.
—La sesión se prolongará hasta muy entrada la noche, de modo que es muy probable que Su Majestad se quede en casa de su amiga hasta mañana.
—¡Qué feliz es la reina de Navarra! —Murmuró Catalina—. Tiene amigas y es reina; lleva una corona, la llaman Vuestra Majestad y no tiene súbditos. ¡Dichosa ella!
Después de esta ocurrencia, que hizo sonreÃr interiormente a quienes la oyeron, añadió:
—Por lo demás, ya que ha salido, decidme: ¿cuándo salió?
—Hará una media hora, señora.