La Reina Margot
La Reina Margot —¿Cómo queréis que lo sepa, señor? No puedo decir ni que sà ni que no. El señor de La Mole es un buen servidor, muy devoto de la reina de Navarra y que me trae a menudo mensajes, ya sea de Margarita, a quien está muy agradecido por haberle recomendado al señor de Alençon, ya del mismo duque. No puedo afirmar que sea el señor de La Mole.
—Era él —dijo Catalina—, han visto su capa encarnada.
—¿El señor de La Mole tiene una capa encarnada?
—SÃ.
—Y el hombre que tan bien ha despachado a dos de mis guardias y al señor de Maurevel… —añadió Carlos.
—¿TenÃa una capa encarnada? —preguntó Enrique.
—Precisamente —dijo Carlos.
—No tengo nada que decir —replicó el bearnés—; pero me parece que en tal caso no es a mà a quien debÃais haber llamado, sino al señor de La Mole, que era quien estaba en mi cuarto. Solamente —añadió Enrique— quiero hacer a Vuestra Majestad una observación.
—¿Cuál?