La Reina Margot

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Capítulo VIII

ENRIQUE aprovechó el momento de tregua que le daba el interrogatorio tan bien sostenido por él para ir a la habitación de la señora de Sauve. Encontró allí a Orthon completamente repuesto de su desmayo, pero el criado nada pudo decirle aparte de que unos hombres se habían introducido en su cuarto y de que el jefe de ellos le había dado un golpe con la cazoleta de su espada dejándole sin sentido. Nadie se había vuelto a preocupar de él. Catalina le vio desmayado y le creyó muerto.

Como había vuelto en sí en el intervalo transcurrido entre la salida de la reina madre y la llegada del capitán de los guardias encargados de despejar el terreno, se refugió en la habitación de la señora de Sauve.

Enrique rogó a Carlota que ocultase al joven hasta que se recibieran noticias de De Mouy, quien desde el sitio en que estaba refugiado no dejaría de escribirle. Entonces enviarían a Orthon con la respuesta, y así, en lugar de contar con un hombre fiel, podría contar con dos.

Una vez concebido este plan, volvió a su aposento y se paseaba de arriba abajo meditando cuando se abrió de pronto la puerta y apareció el rey.

—¡Majestad! —exclamó Enrique, precipitándose a su encuentro.


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