La Reina Margot
La Reina Margot Avisados por los gritos, se agruparon en torno del joven rey multitud de servidores oficiales y cortesanos. Antes que nadie se habÃa precipitado una mujer que, apartando a los espectadores, levantó a Carlos pálido como un cadáver.
—¡Me matan, nodriza! ¡Me matan! —murmuró el rey bañado en sangre y sudor.
—¡Te matan, Carlos mÃo! —exclamó la buena mujer, recorriendo todos los rostros con una mirada que hizo retroceder incluso a la misma Catalina—. ¿Y quién lo mata?
Carlos exhaló un leve suspiro y perdió el sentido.
—¡Ah! —dijo el médico Ambroise Paré, a quien se mandó inmediatamente a buscar—. ¡El rey está muy enfermo!
«Ahora, de grado o por fuerza —se dijo la implacable Catalina—, tendrá que aplazar la ceremonia».
Con tal pensamiento abandonó al rey para ir a reunirse con su segundo hijo, que esperaba en el oratorio con ansiedad el resultado de esta entrevista tan importante para él.