La Reina Margot

La Reina Margot

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Capítulo XV

DOS horas después de sucedidos los hechos que acabamos de referir y de los que no quedó ni una huella en el rostro de Catalina, la señora de Sauve, luego de concluir el trabajo que le encargara la reina, subió a su habitación. Tras ella iba Enrique, que, al enterarse por Dariole de que Orthon había estado allí, se dirigió al espejo y cogió el billete.

Como ya hemos dicho antes, estaba concebido en estos términos:

Esta noche, a las diez, en la calle de l’Arbre-Sec, posada A la Belle Etoile. Si venís, no respondáis; en caso contrario, decid «no» al portador.

No especificaba a quién iba dirigida.

«Enrique no faltará a la cita —se dijo Catalina—, puesto que aunque quisiera negarse, ya no encontrará al portador para decirle que no».

Sobre este punto, Catalina no estaba equivocada. Enrique preguntó por Orthon, a lo que Dariole le dijo que había salido con la reina madre. Como halló el mensaje en su sitio y sabía que el pobre muchacho era incapaz de traicionarle, no se inquietó lo más mínimo.

Cenó como de costumbre en la mesa del rey, quien se burló mucho de Enrique a causa de las torpezas que había cometido aquella mañana en la caza con halcones.


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