La Reina Margot
La Reina Margot Durante los ocho días que llevaba en la prisión, Coconnas había reflexionado mucho. Además, tuvo ocasión de conversar a diario con La Mole, gracias a la amabilidad del carcelero, quien, sin decirles nada a los dos amigos, les preparó tan grata sorpresa que, según todas las apariencias, no se debían a su sola filantropía. En estas entrevistas, La Mole y él se habían puesto de acuerdo con respecto a la conducta que observarían, y que en resumidas cuentas se reducía a negar absolutamente todo. Por lo tanto, Coconnas estaba persuadido de que, con un poco de habilidad, su asunto marcharía muy bien, dado que los cargos formulados contra ellos no eran más graves que los que pesaban sobre los demás. Enrique y Margarita no habían hecho ninguna tentativa de fuga, de modo que no iban los dos gentiles hombres a verse envueltos en un pleito cuyos principales culpables estaban en libertad. Coconnas ignoraba que Enrique habitaba el mismo castillo, y la complacencia de su carcelero le dejaba adivinar que sobre su cabeza se cernían protecciones, a las que él llamaba «escudos invisibles».