La Reina Margot
La Reina Margot Hasta entonces, los interrogatorios se habían limitado a averiguar los proyectos del rey de Navarra, sus planes de huida y la parte que los dos amigos hubieran tomado en ellos. A todas aquellas preguntas, Coconnas había respondido de una manera vaga y sumamente hábil; se disponía a seguir contestando de la misma forma y hasta tenía preparadas por anticipado algunas respuestas, cuando de pronto advirtió que el interrogatorio cambiaba de rumbo.
Se trataba de una o de varias visitas hechas a Renato y de una o de varias figuras de cera fabricadas a instigación de La Mole.
Coconnas, preparado como estaba, creyó notar que la acusación perdía gran parte de su gravedad, pues ya no se trataba de haber hecho traición a un rey, sino de la fabricación de una estatuita real. Además, la estatuita en cuestión sólo tenía ocho o diez pulgadas de tamaño.
Respondió, pues, de la manera más divertida, diciendo que tanto él como su amigo habían dejado hacía mucho tiempo de jugar a las muñecas y advirtió, con harto placer, que varias veces sus respuestas tuvieron el privilegio de hacer sonreír a sus jueces.