La Reina Margot

La Reina Margot

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En aquel entonces aún no se había dicho en verso: j’ai ri, me voilà désarmé[47], pero sí se decía en prosa, de modo que Coconnas, en cuanto vio sonreír a sus jueces, creyó haberlos desarmado por lo menos a medias.

Una vez terminado el interrogatorio, volvió a su celda cantando y escandalizando de tal modo que La Mole, a quien estaba dedicado todo aquel bullicio, debió sacar en conclusión los más felices augurios.

Cuando le tocó bajar, La Mole vio con asombro que la acusación ya no seguía el mismo camino, sino otro bien distinto. Le interrogaron acerca de sus visitas a Renato. Contestó que sólo había estado una vez en casa del florentino. Le preguntaron si en aquella ocasión había encargado una figurita de cera. Respondió que Renato le había enseñado aquella figurita ya terminada. Le preguntaron si la figurita representaba a un hombre. Dijo que representaba una mujer. Le preguntaron si el sortilegio no tenía por objeto la muerte de aquel hombre. Repuso que su objeto fue lograr el amor de aquella mujer.

Las preguntas fueron hechas de cien modos distintos, pero siempre, y fuera cualquiera el aspecto con que se presentasen, La Mole contestó lo mismo que la primera vez.


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