La Reina Margot
La Reina Margot —¿En el aposento del señor de La Mole? En el de Renato, querréis decir.
—¿Reconocéis entonces que existe?
—¡Demonios! Si me la estáis enseñando.
—¿Es esta la que conocéis? —SÃ.
—Escribid —ordenó el presidente— que el acusado reconoce la estatua por haberla visto en el aposento del señor de La Mole.
—No, no, no confundamos —dijo Coconnas— por haberla visto en casa de Renato.
—¡Sea! En casa de Renato. ¿Qué dÃa?
—El único dÃa que estuvimos allà La Mole y un servidor.
—¿Confesáis entonces que estuvisteis con el señor de La Mole en casa de Renato? —¿Acaso lo he ocultado alguna vez?
—Escribano, apuntad que el acusado confiesa haber estado en casa de Renato para hacer conjuros.
—¡Más despacio, señor presidente, más despacio! Moderad vuestro entusiasmo, os lo ruego; no he dicho nada de eso.
—¿Negáis que estuvisteis en casa de Renato para hacer conjuros?
—Lo niego, la cosa surgió de una manera accidental, pero no con premeditación.
—Pero el caso es que tuvo lugar.