Las dos Dianas
Las dos Dianas —Sois muy galante, caballero; pero yo, que me precio de conocer a todos los caballeros de mi corte, os confieso que no recuerdo si os he visto antes, y quisiera saber a quién soy deudor de la violenta sacudida que me habrÃa arrancado de la silla si, gracias a Dios, no hubiera estado tan firme en los estribos.
—Señor —contestó Gabriel—: Es esta la primera vez que tengo el honor de verme en presencia de vuestra majestad. Hasta ahora he estado en la guerra y en este momento llego de Italia. Me llamo el vizconde de Exmés.
—El vizconde de Exmés —repitió el rey—. ¡Muy bien! ¡No olvidaré el tÃtulo de mi vencedor!
—Señor —observó Gabriel—; en donde vos estáis, no puede haber otro vencedor que vos, y para corroborar mi aserto, traigo a vuestra majestad una prueba gloriosa.
Esto diciendo, hizo una señal. Al punto entraron en el palenque MartÃn Guerra y dos hombres de armas, los cuales depositaron a las plantas del rey las banderas italianas.