Las dos Dianas
Las dos Dianas —He aquÃ, señor, las banderas conquistadas en Italia por vuestro ejército, que monseñor el duque de Guisa remite a vuestra majestad. Su eminencia el cardenal de Lorena me ha asegurado que serÃa grato a vuestra majestad recibir estos despojos gloriosos en presencia de la corte y del pueblo de Francia, para que sean testigos de vuestra gloria. También tengo el honor de poner en las manos de vuestra majestad estas cartas del señor duque de Guisa.
—Gracias, vizconde de Exmés —respondió el rey—. Y ya hemos descubierto el secreto de la correspondencia del señor cardenal. Estas cartas os acreditan cerca de mi persona, vizconde, aunque, a decir verdad, os habéis acreditado vos mismo y de una manera brillantÃsima… ¿Qué estoy leyendo? De esas banderas habéis tomado vos cuatro, y nuestro primo de Guisa os considera como uno de sus más valientes capitanes… Señor de Exmés; pedidme lo que queráis, y os juro por Dios que os lo otorgaré en el acto.
—Señor, me abruma vuestra majestad; a vuestras bondades, realmente excesivas, remito mi suerte.
—Sois capitán del ejército de Guisa —dijo el rey—: ¿Queréis serlo de mi guardia? No sabÃa como reemplazar al señor d’Avallon, que desgraciadamente ha muerto hoy, y que en vos tendrÃa un digno sucesor.
—Vuestra majestad…